Conocimiento y emoción:

Una conexión imprescindible para el desarrollo integral de nuestros niños

Muchas veces los padres llegan a la oficina del/a psicólogo/a buscando escuchar cuán inteligente es su hijo/a.  Incluso a menudo escuchamos a los padres buscar alternativas educativas para sus hijos que les provean mayores retos académicos al precio que sea.  Al fin y al cabo, “mientras más exigente sea la escuela en su currículo académico más aprenden y podrán aspirar a importantes profesiones en sus vidas”. 

 

Sin embargo, a diario nos enfrentamos a personas muy exitosas en sus carreras, más no así en sus vidas privadas.  Mientras podemos ver personas que pueden tener mucho éxito en sus relaciones interpersonales y en los retos diarios de la vida, siendo capaces de adaptarse a diferentes circunstancias y manejarlas adecuadamente, independientemente de su profesión. 

 

Para entender esta conexión entre mente y emoción es necesario verlo desde la perspectiva de las emociones.  El Dr. Daniel Goleman define la inteligencia emocional como la capacidad del ser humano para poder identificar y hacerse consciente de las emociones propias y la habilidad que podamos desarrollar para manejarlas efectivamente.  Expone además, que una persona que logra equilibrar sus emociones y manejarlas, tenderá a sentirse más satisfecha con su vida y ser eficaces en cada área en las que se desenvuelve como ser humano. 

 

Es decir, muchas veces lo que puede hacer la diferencia entre una persona y otra dependerá en gran medida de cómo cada una desarrolle sus mecanismos de afrontamiento de situaciones cotidianas que les pueda proveer un éxito a nivel personal, educativo y profesional.  Por lo tanto, podríamos decir que un niño que no está estable emocionalmente o que no se siente cómodo en su escenario escolar, se le dificultaría aprender con la misma facilidad o tranquilidad que otros, aún teniendo un potencial académico adecuado o elevado para su edad. 

 

Por otro lado, muchos niños presentan dificultades para manejar y expresar sentimientos como la frustración, el coraje o el miedo, y pueden manifestar problemas de conducta por su inhabilidad para enfrentar aquellas cosas que sienten que no pueden manejar. Pueden ser niños que son reactivos ante la crítica de otros, golpean a sus compañeros cuando no obtienen lo que esperan, rehúsan realizar una tarea para no enfrentarse a un posible fracaso, se aíslan porque no saben cómo establecer relaciones interpersonales con los demás, se muestran inseguros en toma de decisiones, presentan pobre autocontrol, entre otros. Por esto, es importante que desde pequeños vayamos desarrollando vínculos afectivos en nuestros niños que les provea esa base para ese desarrollo emocional adecuado que buscamos. 

 

Es importante que nuestros niños se sientan queridos, escuchados, comprendidos y seguros en su contexto familiar y educativo.  Esto es posible mediante la comunicación positiva y la enseñanza de estrategias asertivas en el  manejo adecuado de emociones a través del ejemplo positivo de los padres como maestros principales de sus hijos y sus maestros, como educadores. 

 

Algunas recomendaciones para padres:

  • Hablar de los sentimientos.  Que sus hijos puedan reconocer cuando sienten coraje, frustración, miedo, etc., y lo puedan dialogar y expresar.  Es importante desde que el niño tenga vocabulario poder ir dándole nombre a sus sentimientos.  Para esto existen algunos libros que les pueden ayudar a lograr este propósito.

  • Explíquele a sus hijos la manera adecuada de expresar esas emociones.  Por ejemplo: cuando sienta coraje no estará permitido lastimar a nadie ni a sí mismo, ni la propiedad suya o ajena. En cambio puede optar retirarse del lugar, echarse agua en la cara, ejercicios de respiración para que logre relajarse, la escritura como desahogo, entre otros. 

  • Ofrezca refuerzo positivo cuando lleve a cabo una conducta apropiada en un momento dado.  Ejemplo: si su niño/a en lugar de alejarse del grupo por temor a ser rechazado coge un juguete y lo comparte con algún otro niño/a, felicítelo por haber compartido.  De igual forma si un/a niño/a reacciona la mayor parte del tiempo de forma agresiva hacia los demás, felicítela/o en los momentos donde logre jugar en armonía.

  • Explíquele a su hijo/a que en situaciones conflictivas pueda recurrir al diálogo para resolver problemas.  Una de las estrategias que puede utilizar es decirle a la otra persona cómo se sintió respecto a la situación surgida y negociar un posible compromiso entre ambos de respetar el espacio del otro y las emociones del otro.  De no poder darse ese dialogo puede recurrir al adulto para que le guíe en ese proceso.

  • Establecer un horario semanal para compartir con sus hijos sus preocupaciones, dudas e inquietudes.  Esa comunicación es muy importante para que el menor se sienta escuchado y adquiera estrategias necesarias para afrontar diversas situaciones.  Cuando existe una buena comunicación su hijo/a sentirá la seguridad de acudir a usted siempre que lo necesite.  De igual forma es importante designar un tiempo para fortalecer las relaciones familiares ya sea teniendo un día para salir a comer como familia, compartir alguna actividad que al/a niño/a le agrade, entre otras.

 

De otra parte, para enseñar matemáticas, español, ciencias, y otras materias, se necesita tener el conocimiento teórico y práctico y la habilidad para transmitir ese conocimiento.  No obstante, para poder enseñar habilidades socioemocionales se necesita de maestros que dominen estas destrezas.  Muchas veces nuestros hijos pasan gran parte de su día en la escuela.  Es por esto, que muchas veces los maestros pasan a ser las personas de mayor admiración o incluso de desahogo para estos niños.  Por tanto, es importante integrar la educación emocional en su currículo académico.

 

Algunas recomendaciones para integrar el aprendizaje socio-emocional en la comunidad escolar

  • Fomente la solución de problemas de forma efectiva y asertiva: aproveche las situaciones que se presentan entre estudiantes y comience un diálogo al respecto.  Motive a los estudiantes a buscar ellos mismos las soluciones a sus problemas.

  • Enseñe la empatía entre los estudiantes: para esto es importante que el maestro escuche activamente a sus estudiantes, trate de entender lo que le dicen y demuestra interés por su situación particular.  De igual forma organice actividades que involucre visitas a centros, hogares u organizaciones que provean servicios a personas desventajadas o sobrevivientes de maltrato, entre otros. 

  • Resalte las cualidades de sus estudiantes: ningún estudiante construye su aprendizaje de la misma forma. Por tanto, animarlo a hacerlo a través de sus talentos, no solo le ayuda a aprender el material de la clase sino que promueve su motivación, entusiasmo y autoestima.

  • Eduque sobre las emociones básicas: por ejemplo, cuando vea a un estudiante frustrarse ante una tarea escolar, aproveche el momento para explicarle que lo que siente se llama frustración y que ocurre cuando nos enfrentamos a tareas que nos resultan difíciles.  Enfatice en que es normal sentirse así pero que intentándolo cada vez y con la ayuda de usted, logrará dominarla destreza. 

  • Lleve a cabo actividades académicas con temas que fomenten el desarrollo socio-emocional: películas, presentaciones orales, poesías, cuentos, etc.  En la clase de español asigne la redacción de párrafos con un tema especial (confraternización, diversidad, respeto, valores, etc.) en el que puedan llevar a cabo la tarea mientras analizan el mismo.  De igual forma en la clase de historia puede motivar el buscar las aportaciones a la historia de la humanidad de figuras importantes, donde se resalten sus cualidades para poder lograr hacer historia.

  • Reflexión sobre su conducta inadecuada: cuando algún estudiante lleve a cabo una conducta inadecuada, pídale una reflexión por escrita de su conducta.  Esta reflexión debe incluir cuál fue su conducta, cuáles fueron sus consecuencias y cómo pudo haber actuado.  Al finalizar, pídale que haga un acuerdo con usted de no volver a presentar dicha conducta.

 

La vida en familia y la formación académica siempre será la escuela más importante para ese niño/a.  Si nosotros los adultos no somos capaces de manejar nuestras emociones, será muy difícil que nuestros niños lo puedan aprender.  La clave está en trabajar todos juntos para que en un futuro podamos lograr grandes cambios en nuestra sociedad.

 

 

Dra. Rebecca M. López Bobonis, Ph.D.

Psicóloga Escolar

Centro Study & Learn With Me

(787)762-6999